Por supuesto, se trata de un estupendo juego educativo para tu bebé y una actividad muy enriquecedora: disfrutará de la ingravidez y del contacto con sus padres en el agua, puesto que deberá hacerlo siempre acompañado de un adulto. Sin embargo, antes debes consultarlo con su pediatra y un dermatólogo, para comprobar la sensibilidad de su piel y saber si le viene bien el agua de las piscinas.