Se acercan las navidades, y los niños se topan con anuncios de juguetes constantemente: en la televisión, en la radio, por la calle y hasta en el buzón de casa encuentran un nuevo catálogo cada día. Y lo quieren todo: no saben distinguir entre lo que de verdad les gusta de lo que les deslumbra. Ayúdales, es más fácil de lo que crees.
Para la mayoría de los niños la Navidad es regalos y más regalos. Pero también es un buen momento para enseñarles a compartir con los demás, a disfrutar de la familia, a hacer manualidades y a entrar en la cocina. La Navidad es una época estupenda para enseñar valores positivos a tu hijo.
Los niños son el gran público de la televisión: como media la ven al día algo más de dos horas, pero el 70% lo hace sin compañía adulta. Para que la tele se convierta en estímulos positivos, los padres deben imponer su criterio y supervisar aquello que ven sus hijos. En cambio, la radio mantiene despierta la imaginación y reclama más atención al lenguaje y a la música.
Para que los juguetes cumplan sus funciones deben adaptarse al desarrollo físico, intelectual, motor y emocional de tu hijo. Si los elijes por encima de sus facultades se sentirá frustrado. Te damos las pistas de lo que necesita un niño de entre uno y dos años para que empieces ya a escribir la carta a los Reyes Magos.
Tu hijo tiene tres años, ha dejado atrás su época de bebé: es autónomo, no usa pañal, se expresa de maravilla, sabe lo que le gusta y lo que no y ya va al colegio. Es el momento de adecuar su habitación a sus nuevas necesidades.
Cuando el niño comienza a andar no es consciente del riesgo, y su curiosidad le lleva a meter los dedos por los enchufes, subirse a las sillas, abrir cajones y a trepar por una estantería. La seguridad de tu hijo será la clave en la decoración de su habitación.
Necesitarán al menos 15 minutos, leche, tostadas o cereales, y algo de fruta para que el desayuno de los niños sea completo. Acompáñalo en su festín matutino, tómatelo sin prisas y con buen humor. Un niño que desayuna bien, rinde más, tienen ganas de aprender, de hacer amigos y, además, está previniendo la obesidad.
Hasta el primer año de vida no añadas sal a los purés de tu bebé: le basta con la que contienen los alimentos, porque su organismo no está preparado para asimilar un exceso de sal. De este modo sentarás las bases de una alimentación saludable para el futuro, y el presente, del niño.