Te llama a todas horas, te persigue vayas donde vayas y sólo quiere que tú seas quien le bañe, le dé de comer o le lea cuentos, y en el parque, mientras juega con otros niños, te busca. Tu hijo tiene mamitis. Ten paciencia: se le pasará, y aunque le quieras más que a nadie, ayúdale a confiar en sí mismo y en los otros.
Conocer el propio cuerpo y ser capaz de comunicar lo que uno desea a través de sus movimientos. Eso es la psicomotricidad. Una función en la que se relaciona el aparato motor del niño con su capacidad afectiva, social e intelectual. Estimular la psicomotricidad de los niños desde pequeños es la base para un desarrollo correcto y un aprendizaje lleno de éxitos.
Los amigos ayudan a crecer, a divertirse, a sentirse querido y aceptado, pero también a querer a los demás, a compartir y a respetar. Hacer amigos es importante para el desarrollo de los niños: antes o después todos encuentran su alma gemela, aquel niño con el que juega, aprende, discute y se comunica. Es una parte más de la vida. Enséñale que un amigo es un tesoro.
No está quieto ni un segundo, ni siquiera jugando, lo toca todo, empieza mil cosas y no acaba nada, parece que no escucha, se salta las normas… Tiene a sus padres agotados y también a sus profesores. Pero no es un niño rebelde, es un niño hiperactivo. Se trata de un trastorno de la conducta de origen neurológico, que afecta alrededor de un 4% de la población infantil y más a los niños que a las niñas. No te desesperes y consulta con un experto para ayudarle. Se lo merece.
Tu hijo necesita conocer las normas y los límites de sus comportamientos para saber qué está bien y qué está mal: le proporcionan libertad, seguridad en sí mismo y confianza. La disciplina le ayuda a desarrollar su autocontrol, experimentar las consecuencias de sus actos y aprender de sus errores. A pesar de lo que muchos padres creen, no implica castigo, sino todo lo contrario: es la base del aprendizaje y de la armonía en casa, en el parque, en el colegio y con los amigos.
Cuando un niño se disfraza no sólo juega. Está poniendo en marcha su creatividad: al inventar las historias, representar a su personaje y al hacer el traje. Pero además está diciendo muchas cosas: qué admira, cómo le gustaría ser y qué cualidades le atraen. Se trata de un juego sin reglas, donde todos participan y todos ganan, lo que permite al niño dar rienda suelta a su espontaneidad sin miedo a perder o fallar.
Le encantan los yogures azucarados y las galletas, dáselas de vez en cuando, pero además educa a los niños en una alimentación sana y variada, donde la fruta, la verdura, la carne y el pescado sean los protagonistas y de vez en cuando déjale que se endulce la vida con un poquito de azúcar. En su justa medida es buena para su crecimiento.
Un bebé con autonomía es un niño seguro, que se enfrenta a la vida con alegría. Ponerse el abrigo, ir a hacer pipí o comerse el bocadillo solito le aporta satisfacción: es consciente de que puede salir adelante por sí mismo. Para que el bebé adquiera autonomía sólo tienes que aprovechar su deseo innato y ayudarle para enseñarle. Verás cómo cada vez lo hace mejor.