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Salud y cuidados

Los miedos infantiles

La inseguridad durante la infancia es común a todos los niños. Los miedos son, incluso, necesarios para que maduren, siempre que los superen. Para ello, habrá que darle mucho cariño, apoyo y comprensión.
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Temores propios
Los miedos infantiles son inevitables, pero la mayoría suele desaparecer de forma natural. Hay miedos que son comunes en casi todos los menores y que aparecen y se van en función de la edad: a la oscuridad, a los animales, a los ruidos fuertes, a las tormentas, a los seres imaginarios, a separarse de sus padres, a la guardería… Además, cada niño tiene temores propios, que están relacionados con sus vivencias particulares y también con la educación que hayan recibido.

La sobreprotección o hacerles sentir culpables, recordándoles su cobardía son dos actitudes que pueden alargar el problema, e incluso lograr el efecto contrario al que se buscaba, según advierten los psicólogos. Además, es importante que los padres premien los actos de valentía de sus hijos porque ello les incentivará y hará que pierdan sus temores gradualmente.

Los más comunes

Conviene acostumbrar al niño desde que es pequeño a los posibles miedos y ayudarle a superarlos:

Los extraños.

Se manifiesta por primera vez entorno a los seis meses. Cuando una persona desconocida se acerca al niño y le hace alguna gracia por sorpresa, se pondrá a llorar. Si lo hace de manera suave y en voz baja, además de sonreír, es posible que el bebé responda contento e incluso alargue la mano para tirarle del pelo o acariciarle la cara. Si el niño se ha asustado, hay que cogerle en brazos y enseñarle que esa persona es buena y es amiga, pero sin forzarle.

La separación de sus padres.

Aparece antes del año y desaparece a los seis. El bebé se siente indefenso y desprotegido si no está, sobre todo, su madre con él. Ocurre cuando va a la guardería, por lo que tenéis que fomentar su autonomía cuanto antes. Los ratos de separación tendrán que ser al principio cortos, hasta poder alargarlos. También podéis jugar con él a esconderse y encontrarse para que viva esa separación de manera placentera y divertida. Aprenderá que cuando alguien desaparece es que no se ha ido para siempre. Además, no le debéis crear ansiedad: si ve a sus padres nerviosos cuando le dejan en el cole, le contagiarán.

La guardería.

Es donde los niños pasan la mayor parte de su tiempo, teniendo todo tipo de experiencias, positivas y negativas. El rechazo al cole se manifiesta en el niño con malestar, ansiedad y miedo. Se niegan a ir a la guardería, lloran, gritan y patalean al llevarles; se quejan de dolores y enfermedades cuando se acerca el momento, desapareciendo los síntomas si se les permite quedarse en casa. Cuando entran en el establecimiento se agarran a su madre para que no se vaya, pero la mayoría se introducen en actividades de juego y se les pasa. Para vencer este miedo, lo primero es que el niño acuda al colegio de manera progresiva, junto a un familiar, creando un clima agradable junto con la maestra.

La oscuridad.

Desaparece entorno a los nueve años. Se asocia a otros temores: separación de los padres, soledad y pesadillas. En los cuentos infantiles, los malos siempre viven en la oscuridad, atacan por la noche; y cuando el niño se despierta, los padres llegan a la habitación y encienden la luz antes de consolarle. Conviene, por lo tanto, que el niño duerma en un ambiente agradable, debe acostumbrarse a dormir en la oscuridad, sin que exista un silencio absoluto; y que siga una rutina antes de irse a la cama. Si no puede dormir sin luz, podéis recurrir a un piloto que se quede encendido toda la noche. Además, practicad juegos con vuestro hijo, como la gallinita ciega, sombras chinescas, regalos escondidos en la oscuridad y el escondite.

El dolor.

Los niños temen hacerse daño, sufrir heridas y ver sangre. Consumen más tiritas durante este periodo que en el resto de su vida. Si el bebé tiene que ir al médico o tiene que ser hospitalizado con frecuencia, es normal que se asuste cuando entre en el centro médico. Los padres tienen que mantener una actitud serena y tranquila para que el niño se sienta seguro. También es muy aconsejable explicarle claramente lo que van a hacerle los médicos: qué es la anestesia, que le darán pastillas para que no le duela y desdramatizar la situación. Está comprobado que el grado de ansiedad que pasa un niño en el hospital es mucho menor si se le explica lo que le va a suceder.

Los cuentos.

Los monstruos, los ogros, dragones y vampiros son personajes habituales de las historias infantiles. Para que el pequeño consiga vencer el miedo a todos estos seres fantásticos se puede inventar un cuento en el que él sea el protagonista y conseguir dosificar su temor. También podéis crear un ritual divertido para espantarlos.

El agua.

La mayoría de los niños sienten miedo cuando se bañan por primera vez en el mar o en una piscina. Aunque es recomendable familiarizar a los niños con el medio acuático desde que nacen, antes de los cuatro años son demasiado pequeños para desarrollar autonomía en el agua y adquirir los movimientos de la natación. Por eso, los pediatras animan a iniciar el aprendizaje desde bebés. Para que el proceso de iniciación no resulte traumático, es importante presentar el agua como un elemento lúdico y natural desde los primeros baños en casa.

Los truenos y las tormentas.

El ruido ensordecedor le asustará sin lugar a dudas. Conviene que, detrás del cristal de la ventana, le enseñes la lluvia y que contéis juntos los relámpagos que aparecen en el cielo. Explícale que es un fenómeno de la naturaleza y que se trata de algo normal y pasajero, que no le hará daño.

Los animales.

Es normal que un bebé tema acercarse a algún animal que no conozca. Conviene no forzarle a acariciarle, que sea él el que se acerque poco a poco. Primero habrá que enseñarle fotografías de animales y contarle cuentos en los que aparezcan. Enséñale, además, que cuando quiera acercarse hay que pedir permiso al dueño, quien nos dirá si su mascota es amable y no corre peligro.

Los terrores nocturnos, por etapas
El bebé sueña desde que nace y a medida que madura, sus sueños se vuelven complejos y aparecen pesadillas y terrores nocturnos. Estos son los miedos nocturnos por etapas:
- Hasta un año: sueña con sensaciones y colores. Alterna el sueño profundo con el ligero hasta 12 veces por noche.
- Con dos años: Se despierta durante la noche, tiene miedo a la oscuridad, la soledad, la separación y necesita consuelo.
- Con tres años: vive experiencias nuevas durante el día y las asimila por la noche. Es normal que sueñe con bichos y peligros.

El mal uso del miedo
Los niños evitan acercarse a aquellas situaciones que les dan miedo. Su imaginación es, durante esta edad, desbordante. Por eso es tan efectivo utilizar el miedo para evitar una conducta que no se desea. Bajo una amenaza como la de “¡qué viene el coco!”, el cuarto oscuro, el hombre del saco o la bruja piruja, se comportará como un santo. Muchos padres utilizan la técnica de meter miedo para que sus hijos se comporten de una determinada manera. Pero es muy diferente explicar que hay cosas peligrosas que no deben hacerse, que utilizar y crear miedos para controlar la conducta de los hijos a lo que los padres desean.

El recurso al miedo para controlar el comportamiento infantil es una práctica educativa inadecuada y peligrosa. Funciona al momento, pero a largo plazo puede desarrollar problemas muy serios: fobias, ansiedad y angustia, que pueden no superarse nunca. De la misma manera, los castigos no pueden ser generadores de miedos. Nunca debemos castigar a un niño haciéndole pasar un mal rato, como el de enfrentarle a algo que le de miedo.

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