Impón tu autoridad
El niño está acostumbrado desde pequeño a ser el centro de atención y a que todas sus exigencias sean cumplidas: si tenía hambre, lloraba y recibía comida. Si quería que le cogieran en brazos, sólo tenía que pedirlo… Pero, a medida que se va haciendo mayor, no todo le está permitido, y cada prohibición le genera un sentimiento de culpabilidad. No te sientas culpable, esto es indispensable para que vea la realidad y se forme su propia personalidad.
Con los primeros ‘noes’, el niño se sentirá frustrado, por eso hay que negarle cosas gradualmente. Así, el pequeño se acostumbrará poco a poco a no ser el centro del mundo, una de las mayores desilusiones en lo que lleva de vida.
A esta edad (de 3 a 5 años), los niños son muy curiosos, pero algo imprudentes: se interesan por los aparatos eléctricos, los cuchillos, los fármacos… En estos casos hay que darles un ‘no’ rotundo, marcar un límite y hacerlo respetar. No es bueno pasarse, ya que demasiadas prohibiciones confundirían al niño, y mucho menos que haya ordenes contrapuestas, es decir, que el padre diga ‘si’ y la madre ‘no’.
También en esta época aparecerán las primeras rebeliones. Con la nueva autonomía que han adquirido, los niños buscan reafirmarse rebelándose a las reglas de los padres. En esta ocasión, más que un ‘no’ rotundo, se puede optar por ‘negociar’. Se le puede permitir hacer algo que él quiera a cambio de que haga alguna otra que no le apetezca tanto. Por ejemplo, dejarle que coma el postre que él quiera si antes se termina la verdura que estaba rechazando.
Estas son algunos consejos para decir ‘no’ a los hijos de una forma correcta:
- Ser claro: para que el niño pueda llevar a cabo lo que le pedimos debe entenderlo perfectamente, por eso las ideas tienen que ser simples y estar muy bien explicadas.
- Mostrarse autoritario: no podemos dudar a la hora de imponer las normas. Hay que mostrarse seguros de lo que estamos haciendo y por qué lo hacemos.
- Estar de acuerdo: los padres tienen que ser consistentes y no contradecirse entre sí.
- Ser flexibles: si el niño expone sus razones, podemos negociar con él.
- Ser comprensivos: antes de negar algo, debemos dar unas razones, no hay que prohibir algo porque sí.
- Siempre en privado: si tienes que regañarle, que sea sin testigos delante. Si le regañas delante de otras personas, el niño se sentirá humillado.
Siguiendo estos sencillos consejos, el niño poco a poco irá aprendiendo lo que puede hacer y lo que no y nuestras negativas se irán reduciendo.