Esto es indispensable para aprender, para recordar el camino a casa, para formar nuevas ideas, para encontrar soluciones..., y por supuesto para relacionarse con los demás. Pero según sean las características personales, la motivación, el tipo de estímulo o las estrategias utilizadas para archivar los datos, se recordará con mayor o menor facilidad.
Amnesia infantil
Es un hecho curioso que los niños en la primera infancia aprendan gran cantidad de cosas con rapidez y experimenten vivencias interesantes, y, a pesar de ello, no las recuerden años después. La memoria autobiográfica es muy temprana. Los niños, desde muy corta edad, son capaces de describir sus experiencias, pero, sin embargo, muy pocos adultos pueden recordar sucesos personales ocurridos antes de los tres años. Esta amnesia se produce por no poseer, en estos primeros años, las estrategias necesarias para almacenar las experiencias y procesarlas.
Esto no significa necesariamente que se hayan olvidado. Están archivadas y de hecho han ejercido una influencia determinante sobre su vida futura. Sobre ellos se han basado los aprendizajes posteriores, pero son difíciles de rescatar, sobre todo si son anteriores a la adquisición del lenguaje. Si se almacenaron en forma de imágenes o sensaciones corporales en lugar de palabras, son más difíciles de evocar conscientemente pero, a veces, pueden aflorar de forma casi automática cuando se asocian a otras experiencias. Por ejemplo, un olor puede hacer revivir sensaciones de la infancia o traer a la memoria personas que no están presentes.
El lenguaje Los recuerdos no suelen ser tan fidedignos como creemos. Generalmente, una vivencia se “enriquece” con sensaciones, percepciones, motivaciones... y va relacionándose con otras experiencias posteriores, lo que hace que el recuerdo sea distinto al original. A esto hay que añadirle la desbordante imaginación infantil, sus capacidades todavía incipientes, el paso del tiempo, la interferencia de otros acontecimientos, la presión de situaciones impactantes o la narración de terceras personas. Realmente, en muchas ocasiones, un mismo hecho relatado por personas diferentes tiene distintos matices. Incluso pueden incurrir en contradicciones, pero no porque mientan, sino porque la percepción de cada una es distinta.
Vemos cómo los recuerdos en general, y especialmente los infantiles, sufren posteriores elaboraciones que pueden dificultar su recuerdo posterior, aunque, en la actualidad, la tecnología (cámara de vídeo, por ejemplo) permite inmortalizar numerosos momentos y verlos posteriormente en sucesivas ocasiones, lo que facilita su fijación en la memoria durante más tiempo y de forma mucho más fidedigna.
Gimnasia para la memoria
· En la primera infancia, la capacidad de recordar tiene mucho que ver con el desarrollo de la atención, la curiosidad y la observación, especialmente a través de los sentidos de la vista y del oído. La mayoría de las actividades han de fomentar la toma de conciencia de lo que le llega a través de los sentidos. Hay que hacerle notar todo lo que le rodea, ocultarle parcial o totalmente objetos y hacerlos reaparecer, jugar al cucú-tras...
· Es muy importante el desarrollo del lenguaje para fomentar el pensamiento lógico, de forma que pueda verbalizar ideas, opiniones y sentimientos y llegar a conclusiones útiles. Son estimulantes los sonidos, canciones, cuentos... asociados con gestos que representen objetos y acciones (expresión corporal); las verbalizaciones de imágenes y objetos del entorno; fomentar el diálogo, etc.
· La experiencia adquiere gran importancia en el proceso memorístico. Se recuerda más fácilmente lo que se hace que lo que nos dicen; la información que se maneja a menudo, que la que se usa una sola vez. Hay que darle la oportunidad de llevar a la práctica lo que va aprendiendo, de forma que impulse su curiosidad intelectual y la afición por aprender y conocer.
· La habilidad motriz hace que pueda manejarse en el entorno y clasificar sus percepciones. Desplazarse, usar, manipular, agrupar objetos y materiales, hacer y equivocarse...le va a permitir comprobar, establecer semejanzas, diferencias... y constituir relaciones entre los nuevos conocimientos y los que ya posee.
· Hay que potenciar las relaciones sociales para ejercitar habilidades como la conversación, la escucha, la creatividad, el razonamiento, etc.
· Si el bebé no se interesa por alguna de estas actividades ahora, habrá que intentarlo de nuevo más adelante. Y a medida que vaya creciendo serán de gran utilidad el juego simbólico, las tarjetas de asociación, barajas de familias, puzles, ajedrez, adivinanzas, trabalenguas, aprender idiomas, el juego de Simón, juegos del tipo “de La Habana ha venido un barco”, el telegrama...