Acostarse con la luna y levantarse cuando el sol entra por la ventana; comer a cualquier hora y cenar en cualquier sitio, pasar el día sólo pensando en jugar. El verano es la época perfecta para que los más pequeños disfruten del aire libre y, sobre todo, de la compañía de sus padres. Durante unos días, los mayores son menos estrictos con los horarios y los pequeños se olvidan de la rutina. La vuelta a la normalidad será posible con cariño, paciencia y un poco de la disciplina que se quedó dentro de la maleta.