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LA OTRA CIGÜEÑA SE LLAMA ADOPCIÓN

Tener un hijo, biológico o adoptado, es una de las experiencias más fabulosas de la vida. La diferencia radica en que en el primer caso el vínculo entre madre, y también padre, e hijo surge durante el embarazo y en el segundo se debe ir creando poco a poco, con mucho amor y paciencia. La adopción sólo busca el interés, la protección y la seguridad del pequeño, pero en realidad los padres reciben tanto amor por parte de sus hijos adoptivos que convierte la adopción en una intensa aventura de cariño, entrega, respeto, admiración y afecto paterno filial. Es la recompensa a un largo proceso de trámites burocráticos necesarios para garantizar que la familia adoptiva cubra tanto las necesidades físicas como psíquicas y de cariño de los menores. Responsabilidad que recae sobre las entidades públicas y el juez (ambos con competencia en la protección de menores), así como sobre toda la comunidad internacional.

Todos los niños deben crecer en el seno de una familia feliz, donde reciban y ofrezcan amor y comprensión, donde se sientan protegidos y sean destinatarios de los cuidados necesarios. Según la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, esta es una premisa clave para que el niño desarrolle su personalidad, madure y crezca feliz. Pero, además, todos los menores desde el momento de su nacimiento, necesitan protección, incluso legal. La adopción se basa en estos principios y los Estados que participan en el proceso son los responsables de que se hagan realidad.

¿Qué niños son adoptables?

Los menores de 18 años que no estén emancipados cuyas circunstancias personales, psicológicas y sociales lo recomienden y que reúnan las condiciones legales (que varían según la legislación de cada país). En España no se pueden adoptar los hijos de los hermanos, es decir, los sobrinos.

¿Quién puede adoptar?

La adopción sólo busca el interés del niño, por tanto, la familia adoptiva debe conocer y comprender la historia vivida por el pequeño para saber cómo responder a sus necesidades afectivas y de salud.

En cada país, el adoptante debe cumplir unos requisitos. En España, por ejemplo, el adoptante debe superar los 25 años; si se trata de una pareja, es suficiente con que uno haya alcanzado esta edad. Entre adoptante y adoptado debe haber una diferencia de edad entre 14 y 40 años (se hace la media de edad en caso de pareja). Si se trata de una pareja de hecho, al menos deben haber convivido durante dos años, y compartir la voluntad de adoptar.

Lo que sí es imprescindible en todos los procesos de adopción es que los futuros padres presenten la solicitud en el Registro de Adopciones y obtengan el Certificado de Idoneidad.

 

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#1.
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27-11-2010, 03:25h.
#2. Mariajose 13-06-2010, 12:04h.
Yo tengo un niño ruso y el proceso fue largo y duro, sobre todo cuando esperas, pero la espera ha valido la pena tengo a mi hijo con nosotros y es lo mas maravilloso del mundo, es un niño feliz y como cualquier niño no para jejejejej que puede decir una madre de su hijo.........
#3. Verox 07-04-2010, 15:19h.
Yo tengo una niña de Etiopia y el proceso duró 2 años y medio pero es lo mas maravilloso del mundo, es una niña feliz y muy viva es lo mejor que he hecho en todo mi vida y estoy deseando tener otro.
#4. DavidHC 06-04-2010, 17:30h.
Yo tengo una niña china y el proceso fue largo, pero mereció la pena.
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